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En esta pandemia además de la incertidumbre y la cantidad desorbitada de muertes, ha sido un shock, porque de repente se paró el mundo. Un mundo vertiginoso, acostumbrados a la vorágine del día a día, de un presente continuo, en el que además se prohíben los abrazos. Hemos sido prisioneros de la Covid-19, prisioneros en nuestro propio planeta. Es una lección de vida devastadora para el ser humano y te obliga a una profunda reflexión.

La pandemia la Covid-19, ha provocado cambios de toda índole (sanidad, ciencia, legislación,) y sin lugar a dudas también en la arquitectura y en la forma de relacionarnos y socializar. Aun hoy seguimos con las mascarillas y precisamente por la falta de socialización hay consecuencias en la salud mental. La arquitectura podría haber acompañado de mejor manera y mitigar el daño de la pandemia a la hora de reformormular los usos del espacio público, los colegios, etc. Hemos tenido poca inercia y eso debemos hoy trabajarlo para el futuro.

 

Como explico en mi libro “Pandemia y confinamiento mirado por los ojos de una arquitecta” la arquitectura con las pandemias se ha visto obligada a evolucionar, sobre todo los saneamientos en el mundo, por ejemplo, en el medievo las ciudades eran insalubres y proliferaban las bacterias…  Un ejemplo más cercano con el cólera en Londres se dieron cuenta que en lo barrios ricos tenia menos incidencia que en los barrios humildes, y era debido a la higiene y a los saneamientos… fue una tragedia tal y con tan simple solución… al mezclarse las aguas fecales con las de consumo se infectaban rápidos barrios enteros. Hoy además de cuidarnos el urbanismo y nuestro saneamiento, en nuestras canalizaciones vemos que barrios hay más carga viral para poder a la inversa protegernos y curarnos.

Por eso las ciudades han ido evolucionado, la evolución en los saneamientos y en el tratamiento del agua para la higiene en las casas y el urbanismo, en ambas escalas ha sido fundamental. En Aragón no es hasta los años 50 que se empieza a canalizar y construir alcantarillados y depuradoras en sus pueblos. Ayudando así controlar las infecciones como el tifus, colera etc.

En Zaragoza la primera red de alcantarillado compleja fue en la ciudad romana y suministro de agua de los ríos Gállego, Huerva y Jalón, pero con el fin del imperio romano se perdieron estos avances. Y vinieron siglos oscuros, en el medievo se sucedieron, la peste bubónica, la peste negra, y toda índole de infecciones ya que, durante muchos siglos, había pozos ciegos sin sistemas de canalización y se tiraban los residuos a la calle, siendo focos constantes de infecciones y de gran transmisión. En 1782 con la llegada del Canal imperial mejoro el abastecimiento del agua de la ciudad, a mitad del s.XIX se implementaron sistemas de canalización con fuentes pública. Pero no es hasta principios del s.XX, con el alcalde Doctor Cerrada en 1912 cuando se comenzó un plan de suministro de agua y de saneamineto en el casco antiguo de la ciudad, como en otras ciudades de Europa.

En la pandemia de la Gripe de 1918 la mal llamada Gripe Española, en Aragón, en muchas comarcas tomaron medidas de restricción de contacto, parecidas a las de ahora. Ejemplo: en el Orfeón de Graus tenía prevista actuar en el palacio Real de Madrid para Alfonso XII y la Infanta Isabel y tuvieron que anularlo. En Zaragoza anularon las Fiestas del Pilar 1918. En otras ciudades de España no tomaron tantas medidas y fue muy desigual la mortalidad en unos lugares y otros. Aun así, murieron 300.000 personas en España.  En cierta manera se vivió un éxodo al campo, mucha gente de la ciudad que tenía la suerte de tener casas en el campo aisladas del contagio se recluyeron allí, de igual manera que lo hemos vivido con la Covid -19.

 

Por ejemplo, con la tuberculosis, vimos la importancia de la calidad del aire y las condiciones del espacio interior que habitamos, se construyeron lugares específicos con condiciones de ventilación y luz natural mínimas para no enfermar, sanatorios, espacios amplios bien ventilados para los hospitales, y las escuelas se modificaron también. Las pandemias del medievo trajeron el Renacimiento; las del siglo XIX, el Racionalismo.

En Aragón tenemos sanatorios como el de Agramonte, y arquitectura racionalista que se rige en estos principios de habitabilidad e higiene que marcaron ya en la Bauhaus, como el Rincón de Goya en el parque Grande (hoy Labordeta) de 1927, que además regenera a través de la cultura el uso del espacio público y los parques de la ciudad.

 

Como explico en mi libro “Pandemia y confinamiento mirado por los ojos de una arquitecta” (para mí que era la primera pandemia que vivía fue todo un revulsivo y la reflexión me llevó a mirar la arquitectura y al otro semejante desde otra perspectiva, sentir el valor que tenía un balcón, la importancia de elegir un hogar con buena relación con el exterior. O sentir cuando veía a alguien que asomaba medio cuerpo por la ventana para coger aire, me sobrecogía, cuando salía a comprar y veía las calles vacías, la soledad social, porque me cogió el confinamiento sola, en algún momento tuve el sentimiento de vivir en una distopía, como en aquellos libros o películas futuristas y de ciencia ficción, de repente me sentía un personaje de esos libros, pero como yo, mucha gente. Porque en muy poco tiempo la Covid 19 arrasó el planeta, aunque la mortalidad no va a ser tan tremenda, como con la viruela, sarampión o la gripe del 18. Tendremos que agradecerle a la ciencia, la rapidez con la que han conseguido una vacuna y también la entrega de los sanitarios.  Pero como ya explico arriba, fue tal el shock y lo sorprendente, porque en el momento en el que vivimos vemos en una pantalla lo que pasaba en el mundo, yo como arquitecta veía las ciudades muertas, las calles vacías, eso me despertó una conciencia, que siempre he tenido pero ahora mucho más, el habitáculo el hogar para el ser humano, es donde siempre nos refugiamos, al salir del trabajo… pero con esta pandemia fue una obligación necesaria. Que duda cabe que la arquitectura tiene que reflexionar sobre esto, y como las otras pandemias nos tiene que llevar a hacer un profundo análisis. Requiere un tiempo mental, primero nos tenemos que curar del “trauma” y estar preparados para el futuro. No olvidemos que la Covid-19 nos ha dado una lección de humildad que nos tiene que servir, pues todo puede ser posible.

Foto @ Ángel de Castro

 

 

 

Alcantarillado Zaragoza
Gripe española. Familia en Dublín (California) en 1918.  Foto copyright de Dublin Heritage Park & Museum.